17 Allí los impíos dejan de perturbar, Y allí descansan los de agotadas fuerzas.
18 Allí también reposan los cautivos; No oyen la voz del capataz.
19 Allí están el chico y el grande, Y el siervo libre de su señor.
20 ¿Por qué se da luz al trabajado, Y vida a los de ánimo amargado,
21 Que esperan la muerte, y ella no llega, Aunque la buscan más que tesoros;
22 Que se alegran sobremanera, Y se gozan cuando hallan el sepulcro?
23 ¿Por qué se da vida al hombre que no sabe por donde ha de ir, Y a quien Dios ha encerrado?
24 Pues antes que mi pan viene mi suspiro, Y mis gemidos corren como aguas.
25 Porque el temor que me espantaba me ha venido, Y me ha acontecido lo que yo temía.
26 No he tenido paz, no me aseguré, ni estuve reposado; No obstante, me vino turbación.

Job 4

Elifaz habla: Los inocentes prosperan

1 Entonces respondió Elifaz temanita, y dijo:
2 Si probáremos a hablarte, te será molesto; Pero ¿quién podrá detener las palabras?
3 He aquí, tú enseñabas a muchos, Y fortalecías las manos débiles;
4 Al que tropezaba enderezaban tus palabras, Y esforzabas las rodillas que decaían.
5 Mas ahora que el mal ha venido sobre ti, te desalientas; Y cuando ha llegado hasta ti, te turbas.
6 ¿No es tu temor a Dios tu confianza? ¿No es tu esperanza la integridad de tus caminos?
7 Recapacita ahora; ¿qué inocente se ha perdido? Y ¿en dónde han sido destruidos los rectos?
8 Como yo he visto, los que aran iniquidad Y siembran injuria, la siegan.
9 Perecen por el aliento de Dios, Y por el soplo de su ira son consumidos.
10 Los rugidos del león, y los bramidos del rugiente, Y los dientes de los leoncillos son quebrantados.
11 El león viejo perece por falta de presa, Y los hijos de la leona se dispersan.
12 El asunto también me era a mí oculto; Mas mi oído ha percibido algo de ello.
13 En imaginaciones de visiones nocturnas, Cuando el sueño cae sobre los hombres,
14 Me sobrevino un espanto y un temblor, Que estremeció todos mis huesos;
15 Y al pasar un espíritu por delante de mí, Hizo que se erizara el pelo de mi cuerpo.
16 Paróse delante de mis ojos un fantasma, Cuyo rostro yo no conocí, Y quedo, oí que decía:
17 ¿Será el hombre más justo que Dios? ¿Será el varón más limpio que el que lo hizo?
18 He aquí, en sus siervos no confía, Y notó necedad en sus ángeles;
19 ¡Cuánto más en los que habitan en casas de barro, Cuyos cimientos están en el polvo, Y que serán quebrantados por la polilla!
20 De la mañana a la tarde son destruidos, Y se pierden para siempre, sin haber quien repare en ello.
21 Su hermosura, ¿no se pierde con ellos mismos? Y mueren sin haber adquirido sabiduría.

Job 5

1 Ahora, pues, da voces; ¿habrá quien te responda? ¿Y a cuál de los santos te volverás?
2 Es cierto que al necio lo mata la ira, Y al codicioso lo consume la envidia.
3 Yo he visto al necio que echaba raíces, Y en la misma hora maldije su habitación.
4 Sus hijos estarán lejos de la seguridad; En la puerta serán quebrantados, Y no habrá quien los libre.
5 Su mies comerán los hambrientos, Y la sacarán de entre los espinos, Y los sedientos beberán su hacienda.
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